No somos meritocráticos, gracias

No somos meritocráticos, gracias

No somos meritocráticos, gracias 150 150 Paz Andrade

La verdad siempre es relativa, depende del sistema conceptual utilizado y las metáforas que lo estructuran. Por lo tanto, la verdad no es ni absoluta ni objetiva sino que se encuentra basada en el entendimiento común.

Lakoff and Johnson — Metaphors we live by

Sobre estas bases radica lo esencial de la meritocracia: ¿Quién decide quién es escuchado? ¿Quién decide qué ideas son las mejores? En mi compañía, Red Hat, las personas que son escuchadas son aquellas que se lo han ganado. Son aquellos que construyeron una reputación y una historia de constantes buenas ideas, más allá de los días laborales y consiguiendo resultados impresionantes.

Jim Whitehurst, CEO de Red Hat (Wired Magazine)

El sufijo “-cracia” denota “regla” o “gobierno”. Meritocracia es entonces “el gobierno de aquellos con mérito.” Pero si creemos (como Lakoff & Johnson) que no existe tal cosa como una verdad absoluta entonces toda definición y apreciación de mérito es relativa. Y es así como sobrevienen todo tipo de desigualdades. Aquellos beneficiados por el tan renombrado sistema meritocrático tienden a creer que su posición actual es justa, lo que conduce al estancamiento entre los diferentes estratos.

Necesitamos un sistema que evite explícitamente darle poder a aquellos con mérito. Los antiguos atenienses, por alguna razón elegían a sus dirigentes a través de un sorteo. En cambio nosotros todavía queremos un sistema que recompense los méritos percibidos. Pero, ¿existe alguna diferencia entre recompensa y poder? No tengo una respuesta por ahora, solo una corazonada. Mi intuición me dice que “igualdad en el poder, disparidad en el ingreso.” Ya iremos probando.